viernes, 16 de marzo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
Viajaba en un auto. Tranquilo, algo apretado. Ya era hora de dormir. Tiempo de descansar después de demasiada realidad todo junta para una tarde, que en lo rara que fué, estuvo plagada de muertos y vómitos de boca en boca con una mujer de ojos claros. Los párpados luchan para sostenerse abiertos ante el ataque de un sueño profundo que no busca otra cosa que jugar con mi escasa salud mental…
Logré acomodarme entre rostros conocidos y luces brillantes que por suerte, esta vez, no me atormentan. Miro al frente una vez más como enfrentando a un paredón de fusilamiento: yo desarmado. La temperatura me agobia. El pulso acelerado. Una realidad inacomodable.
Busco el cielo: es una noche oscura como tantas. Atrás de todo lo negro hay tanto azul que no veo. Hoy no llueve sangre. Los aviones sobrevuelan el cielo. Uno de estos estalla contra una construcción. Eso hace tiempo, ya es normal. Estos Parecen flotar en dirección a mi destino.
Pierdo la batalla y mis ojos se derriban. Me deslizo en trance. Sé que no voy a encontrarme a mi mismo por un tiempo con todo este ruido que hace este viaje, aunque ahora no pueda escucharlo. Como en un túnel me encuentro a profesores, chicos, flores y helicópteros espías. Son pedazos de algo en mi cabeza que tiene sentido. Aún dentro de estos retazos de sueños perdidos que aparentan ser agradables logro horrorizarme y gritar como para llenar mi cabeza con algo distinto.
Ya más en lo profundo me encuentro corporaciones cayendo y religiosos de todos los tipos anonadados al ver sus creencias hechas cenizas en una pantalla. Yo festejo con hipocresía. Las risas me transladan una guerra desleal, donde los cuerpos incinerados lloran por quienes sin entender los han incendiado.
Le he pedido a mis muertos que me expliquen y no me supieron decir nada.
La gente que encuentro de carne y hueso, se esconde con altanería. Miran con desprecio desde sus altos dotes y egos. Los demás no son más que cadáveres que parecen estar viviendo.
Se baten a puño las plantas carnívoras que no conocen el sexo. Está Richard Gere llorando una mujer que se deshace en una lluvia acida y deja solo al hombre, que al igual que yo, admirando el charco rojo que deja su amante en el living desvalorizado.
Me doy cuenta que estoy confortablemente adormecido. Caí en mi profundo. Me dejé llevar. Necesito seguir corriendo más adentro para encontrar al amigo herido por mi navaja, y de su espalda martillos que marchan en un tono fascista. Y el dictador, que apunta y dispara. Ojos que explotan, mentes que no mueren Todo confabulado para tirar abajo una división que es tangible e imaginaria.
Gritan todos juntos y el muro se deshace.
Hoy despierto, y estoy rodeado por un muro de zapatillas en un día mas de mi vida.
Logré acomodarme entre rostros conocidos y luces brillantes que por suerte, esta vez, no me atormentan. Miro al frente una vez más como enfrentando a un paredón de fusilamiento: yo desarmado. La temperatura me agobia. El pulso acelerado. Una realidad inacomodable.
Busco el cielo: es una noche oscura como tantas. Atrás de todo lo negro hay tanto azul que no veo. Hoy no llueve sangre. Los aviones sobrevuelan el cielo. Uno de estos estalla contra una construcción. Eso hace tiempo, ya es normal. Estos Parecen flotar en dirección a mi destino.
Pierdo la batalla y mis ojos se derriban. Me deslizo en trance. Sé que no voy a encontrarme a mi mismo por un tiempo con todo este ruido que hace este viaje, aunque ahora no pueda escucharlo. Como en un túnel me encuentro a profesores, chicos, flores y helicópteros espías. Son pedazos de algo en mi cabeza que tiene sentido. Aún dentro de estos retazos de sueños perdidos que aparentan ser agradables logro horrorizarme y gritar como para llenar mi cabeza con algo distinto.
Ya más en lo profundo me encuentro corporaciones cayendo y religiosos de todos los tipos anonadados al ver sus creencias hechas cenizas en una pantalla. Yo festejo con hipocresía. Las risas me transladan una guerra desleal, donde los cuerpos incinerados lloran por quienes sin entender los han incendiado.
Le he pedido a mis muertos que me expliquen y no me supieron decir nada.
La gente que encuentro de carne y hueso, se esconde con altanería. Miran con desprecio desde sus altos dotes y egos. Los demás no son más que cadáveres que parecen estar viviendo.
Se baten a puño las plantas carnívoras que no conocen el sexo. Está Richard Gere llorando una mujer que se deshace en una lluvia acida y deja solo al hombre, que al igual que yo, admirando el charco rojo que deja su amante en el living desvalorizado.
Me doy cuenta que estoy confortablemente adormecido. Caí en mi profundo. Me dejé llevar. Necesito seguir corriendo más adentro para encontrar al amigo herido por mi navaja, y de su espalda martillos que marchan en un tono fascista. Y el dictador, que apunta y dispara. Ojos que explotan, mentes que no mueren Todo confabulado para tirar abajo una división que es tangible e imaginaria.
Gritan todos juntos y el muro se deshace.
Hoy despierto, y estoy rodeado por un muro de zapatillas en un día mas de mi vida.
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