domingo, 8 de mayo de 2016

La psicóloga me preguntó mi nombre, mi edad y porqué estaba ahí. 
Le dije mi nombre, mi edad y que estaba realmente cansado. Que lo único que quería era un final. Que habíamos coqueteado con el suicidio tantas veces que ya sentíamos que nos estábamos histeriqueando.
Que desde hacía diez años me sentía muy solo y que en escasas ocasiones me sentí comprendido o al menos parte de algo. Que lo único bueno que había conseguido me había encargado de arruinarlo.
Que nadie tiene que enterarse de las miserias de su familia con sus propios ojos y hacer que sus padres se separen por más que sea la opción más saludable. Menos aún tomar la posta y crear un reinado de terror para así obtener una especie de respeto que solo es miedo solapado. 
Que da mucha vergüenza pensar en las tres décadas que pasé. Tres décadas vagando y rebotando por ahí. Tantos años siendo un paria y tantos años solo generando deudas.
Muchas anécdotas, ninguna victoria. Muchos recuerdos, ningún futuro. 
Nada terminado, nada completo, ningún éxito. Absolutamente 0 en todo. No hay nada. Ningún hilo de luz en 30 años.
Presto atención. Me tomo un minuto y me miro. Miro el hoy. Este mismo momento. Y ¿Qué tengo?
Hay algo que quiero hace años y no lo hago porque soy débil. Hay algo que necesito y no lo busco porque sigo pensando por los demás. Hay algo que me corresponde y no lo tomo porque soy un cobarde. 
Es tal vez por eso que estoy sentado acá...
¿Me da asco levantarme todos los días? 
De verdad me lo pregunto. 
No entiendo cómo puedo seguir viendo los ojos de mi familia sabiendo lo que soy cuando mis hermanos me miran como un ejemplo, una clase de ídolo. Cuando madre me mira orgullosa sin tener nada por lo que sentir orgullo. Solamente esa añoranza de ser la primera cabeza gigante que salió de su cuerpo.
Sinceramente. Puedo entender que son mis hermanos más chicos y se dejan llevar por las luces de lo material. Sus ojos ven la idea que formaron. LO ENTIENDO. Pero ... ¿Yo? ¿Cómo hago para mirarlos a ellos?
...
Más allá de una postura, real y absoluta de manifestar año tras año que estoy dentro del peor grupo de "amigos" de la historia... ¿con qué autoridad moral puedo decir lo que sea de cualquiera de ellos? ¿Qué idea podría situarme por encima de cualquiera?
Es tal vez por eso que estoy sentado acá...
Hace años que vengo separándome de ese grupo. Muchos años en los cuales observé cada situación desde lejos y entendí cada egoísmo propio y ajeno. 
Cada vez más lejos de cada uno de ellos. 
Razones varias. 
Pequeñas asociaciones. Parejas y tríos en un grupo impar. 
Nunca un abrazo sincero y siempre levantando la alfombra, buscando en el piso que cada uno limpio con su lengua.
Creamos monstruos. Los devoramos. Comimos nuestra propia mierda. Vomitamos monstruos nuevos.
Separarme no me exime de ninguna culpa. Y los códigos lo inventaron los cagones.
Lo que pienso y creo de la amistad no lo recibo. Entonces para qué seguir alimentando algo que no da réditos para nadie. 
No me quieren ahí por ser un amigo, me quieren ahí para no sentirse desnudos.
¿De qué sirve sentirse tan solo entre tanta gente?
...
Hace 10 años, después de muchas malas decisiones y mientras casi todos me daban la espalda, conocía a mi último amigo. 
Alguien que adoro y admiro profundamente y a quien nunca pude ayudar por decirlo de alguna manera. Nunca necesitó a nadie como yo. Nunca va a necesitar a alguien como usted tampoco.
Esa persona que todos desde lo alto de sus tótems armados por si mismos quisieron salvar vaya uno a saber de qué. Esos mismos que daban consejos y predicaban su palabra empuñando una vaina afilada. Tan afilada como sus colmillos. También sus susurros que gimoteaban que yo quería ser como él.
¡Imagínese! Un egolatra narcisista con un taciturno nihilista. Señora, se lo digo y se lo aseguro, somos la mejor peor dupla que cualquier mente del terror alguna vez quiso imaginar. 
Me vió morirme por dentro más de una vez. Inmutable. 
Supo decirme por ejemplo: no sé como ninguna mujer u hombre enloqueció con su reacción tan calma a lo que son cuestiones que la "gente" piensa como en clave. No es algo que yo tenga que decir y es seguro que es una parte grande que nunca vas a contar. Pero te veo en situaciones límites diciendo "meh" y eso puede hacer descarriar hasta a la persona más aparentemente sana mentalmente del planeta." 
No son palabras de ayuda ni mucho menos, pero nunca pude olvidarlas.
Él es el último que pudo escucharme y decirme qué hacer pero eligió no hacerlo. Estamos viejos y no mucho más sabios. 
Es tal vez por eso que estoy sentado acá...
Y allá él y acá yo. 
Los abrazos 2.0 más sentidos de la red sacando los Ucranianos que tienen relaciones carnales con sus CPU mientras sendos Koreanos toman la leche por correo express. 
...
Y también amé, amo y voy a amar siempre. 
Me parece mucho más valiente que cualquier otra cosa. Es un sentimiento que lo cambia todo para siempre. 
Hoy es algo que no duele. Pero es algo que extraño y mucho.
Sé también que me encontré fuerte y que pude seguir en momentos que realmente creí que ya no quería más nada.
Claro, estamos bendecidos y malditos por el instinto de seguir adelante. 
Pero también entendí que todo lo que quiera en mi vida lo voy a querer de a dos.
Hoy tengo recuerdos y necesito paciencia. Algo que jamás tuve y creo que jamás tendré.
Porque claro, no te tatuás porque es para siempre, no te casás porque es definitivo, no te jugás si te podés arrepentir... No tenemos tanto tiempo para ponernos estrategas. 
No me gustan de grande los juegos de chicos. No me gusta jugar al ajedrez con los sentimientos propios o ajenos. 
Las cosas claras. Los huevos en la mesa. El corazón el la mano, en la garganta y en la cabeza. 
Querría que manden las miradas y las sonrisas alguna vez entre tanta bruma y entre tantos fantasmas.
Porque la verdad ya me comí tantas pero tantas palabras que podría estar cagando un nuevo libro.
Es tal vez por eso que estoy sentado acá...
Sé que las soluciones son simples. No fáciles. Jamás podría decirle, ni a usted ni a nadie que lo simple es fácil. 
Pero la verdad es que estoy cansado. Muy triste y muy cansado.
...
La psicóloga me dijo que estaba realmente bien. Que solo había algunos detalles que podía tratar allí pero que sinceramente no veía la necesidad. 
Que por más que suene tremendista tenía todo lo suficientemente claro como para saber cómo y cuándo cambiarlo y que en algún momento yo solo iba a hacer el sacrificio. 
...
Me fui de ahí después de un apretón de manos, cansado y muy triste.