martes, 31 de agosto de 2010

El destino es un caramelo envuelto en la vitrina de una alacena desproporcionadamente grande, el tercer testigo de la pirámide de premios en la ventanilla inversa, un caleidoscopio que un loco chimpancé inquieto gira y golpea sin pausa y sin plan... Desde la terraza de la casa de Ramos buscábamos formas en las nubes y cuando las nombrabamos comenzaban a moverse formando otras figuras, durante esas tardes eternas intentábamos descifrar el destino en los caballos que emergían de mares espumosos y en las batallas panorámicas llenas de lanzas y de fuego y decenas de formas que acechaban sobre nuestros parpados nuevos...

El destino es todas las cartas que borro la lluvia, las celulitis rotas contra las paredes mudas, la maquina de formula uno con la que no buscamos ser los primeros en cruzar la bandera cuadriculada, todo se trataba de estrellarnos y rápido... El destino es el hielo de un tatuaje nuevo cuando despertaste envuelto en las sabanas húmedas un sábado y con amnesia, nada mas que nada que los días por caer, viendo llegar los años como estaciones de subte, la fortuna es este tic, esta mueca muda, es tocar el aire, un micro de la noche en la ruta, perder la memoria, dormir en el agua, alimentar a los Ángeles...*

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