Todo el año pasado escribí y escribí, borré, puteé mirando el
suelo y volví a escribir. No me gustó nada. No me gusto nadie.
Quise escribir de más, también de menos.
En los últimos meses recién acerté ideas, estaba tranquilo con
la línea que había encontrado. En la primera semana de diciembre me roban y ahí
mismo se fueron todos esos aciertos. Es lo malo de dejar el papel, es lo bueno
de dejarlo a su vez.
Alguien me dijo "por suerte tenés buena memoria, vas a
volver a hacerlo", mi memoria, sin dudas mi más duro karma.
Así me acordé de aquel día que estaba por salir pero me detenía
a leer el recuerdo de alguien. Me adentraba en una historia para no dejar de
pensar mientras caminaba a destino.
Ella (quién escribe) no lo extraña, no tiene demasiado para
extrañar de él. A su vez una esquina la hace volver a pensarlo.
¿Cómo no sentirme identificado?
¿Cómo no me voy a dejar pegar por la ola y que los recuerdos me
revuelquen por la arena hasta devolverme a la orilla escupiendo verdades sin
poder ver?
No fue fácil. De verdad que no lo fue.
Era una historia que alguien escribió. No sé si es real, no se a
quien le escribe, solamente me sentí identificado de alguna manera.
Es que nunca lo supiste. Yo me quedé viéndote sonreír, helado,
buscando explicaciones en una metralla de segundos.
Es por eso tal vez que vuelvo a verte una y otra vez en esa
esquina. Ahí te veo siempre. Como
el dia de la marmota.
A veces son tantas las ganas de borrarte de un plumazo. Al final
de cuentas son más las ganas de recordarte sonriendo como la última vez.
Si lo pienso no lo entiendo. Todavía retumba tu risa como si
fuese la primera vez. Cualquiera en ese momento tendría los ojos desorbitados.
Vos no.
Otra persona hubiese gritado.
Te vi ahí y ya no supe cómo reaccionar. Quería gritarte, quise
gritarte. Después de eso y de tantas películas que vi y que vimos pensé que iba
a ver sangre, que alguien iba a gritar pidiendo vaya uno a saber qué. Me veía
llorándote a mares, también que iba a sentir como te desvanecías en mis brazos.
Las cartas no siempre salen como las esperamos. Desesperado por
decirte que todo iba a estar bien.
Te miraba y las palabras está vez no salían.
Me costó mucho entender por qué.
Te vi sonreír y fue extraño.
Te vi sonreír y te extraño,
Siempre lo haré aunque en esa misma esquina mi muerte haya sido
inevitable.
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