lunes, 23 de abril de 2018


Todo el año pasado escribí y escribí, borré, puteé mirando el suelo y volví a escribir. No me gustó nada. No me gusto nadie. 
Quise escribir de más, también de menos. 

En los últimos meses recién acerté ideas, estaba tranquilo con la línea que había encontrado. En la primera semana de diciembre me roban y ahí mismo se fueron todos esos aciertos. Es lo malo de dejar el papel, es lo bueno de dejarlo a su vez. 

Alguien me dijo "por suerte tenés buena memoria, vas a volver a hacerlo", mi memoria, sin dudas mi más duro karma. 

Así me acordé de aquel día que estaba por salir pero me detenía a leer el recuerdo de alguien. Me adentraba en una historia para no dejar de pensar mientras caminaba a destino. 

Ella (quién escribe) no lo extraña, no tiene demasiado para extrañar de él. A su vez una esquina la hace volver a pensarlo. 

¿Cómo no sentirme identificado? 
¿Cómo no me voy a dejar pegar por la ola y que los recuerdos me revuelquen por la arena hasta devolverme a la orilla escupiendo verdades sin poder ver? 

No fue fácil. De verdad que no lo fue. 

Era una historia que alguien escribió. No sé si es real, no se a quien le escribe, solamente me sentí identificado de alguna manera. 

Es que nunca lo supiste. Yo me quedé viéndote sonreír, helado, buscando explicaciones en una metralla de segundos. 

Es por eso tal vez que vuelvo a verte una y otra vez en esa esquina. Ahí te veo siempre. Como el dia de la marmota.
A veces son tantas las ganas de borrarte de un plumazo. Al final de cuentas son más las ganas de recordarte sonriendo como la última vez.

Si lo pienso no lo entiendo. Todavía retumba tu risa como si fuese la primera vez. Cualquiera en ese momento tendría los ojos desorbitados. Vos no. 
Otra persona hubiese gritado. 

Te vi ahí y ya no supe cómo reaccionar. Quería gritarte, quise gritarte. Después de eso y de tantas películas que vi y que vimos pensé que iba a ver sangre, que alguien iba a gritar pidiendo vaya uno a saber qué. Me veía llorándote a mares, también que iba a sentir como te desvanecías en mis brazos.

Las cartas no siempre salen como las esperamos. Desesperado por decirte que todo iba a estar bien. 
Te miraba y las palabras está vez no salían. 
Me costó mucho entender por qué. 

Te vi sonreír y fue extraño.
Te vi sonreír y te extraño,
Siempre lo haré aunque en esa misma esquina mi muerte haya sido inevitable.



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