El rock, como mi vieja mula, ya no es lo que era. Lejos quedaron aquellas épocas en las que un rockstar era un inadaptado social, pelilargo, roñoso, encantadoramente feo, vestido con harapos glam y capaz de incendiar un puesto de la Cruz Roja usando como lanzallamas una caja de Tres Patitos y un Cocker Spaniel con gases por el solo placer del vandalismo imbécil. Ahora cualquier pusilánime saca chapa de rockero con poner la jeta en la tapa de un disco y, por ende, después termina sucumbiendo ante vicios maricotas y recurriendo a curas aún peores. O tambien ahora debemos aguantar que @laninialoly nos diga en twitter que no se puede ir al congo , pero le regalaron entradas para ver a Miley Cyrus Roccckkk !!! - WTF - Ahora todo es rock y son todos ¨rockeros¨, capitan Jebús, para el 35/9 aca, que Yo me bajo y tito, cerrame la 8 y manda unos fideos a la mesa 15 que estan todos !!! .
Tal es el caso de Tom Chaplin, aca "el gordito mofletudo que canta en Keane", a quien no se le ocurrió mejor idea que declarar lo siguiente: "El golf me ayudó a superar mis problemas con las drogas". Daaaaale.
Por eso, nos anticipamos a los tiempos que se vienen y arriesgamos quiénes serán los próximos pseudorockeros ñoños y delicaditos (más un bonus track) que curarán sus males burgueses en base a terapias muy poco pulentas. A saber:
AVRIL LAVIGNE: "El macramé me ayudó a superar mis problemas con el Ades de naranja".
Embarcada en un derrotero letal de ingesta de leche de soja saborizada y posteriores evacuaciones seriales, la cantante canadiense descubrió el arte de hacer cosas inútiles con nuditos de manos de un plomo de Napalm Death. Poco después era tan ducha haciendo nudos que su manager solía decirle "Avril, ¿por qué no me anudás esta?", en referencia a una soga que el ejecutivo quería convertir en un lazo para pegarse una buena colgada y dejar de pasar vergüenza al lado de ella.
EL JONAS QUE SE PARECE A ARANTXA SANCHEZ: "El Ludo Matic me ayudó a superar mis problemas con la rúcula".
Luego de fracasar con una terapia experimental consistente en clavarse cuatro películas de Esther Goris por día mientras hacía gárgaras de Cif, EJQSPAAS descubrió las bondades del jueguito del "clac clac" y abandonó la mariconada gastronómica. Ahora es capaz de comerse una grande de jamón y morrones con moscato tibio, como debe hacerlo todo hombre que se precie de tal. Bien por él.
LA NENITA QUE CANTA EN TOKIO HOTEL: "Los muñequitos Pin&Pon me ayudaron a superar mis problemas con Niubels".
Inmersa en la insana depravación de ver perder una y otra vez a la Lepra, LNQCETH primero lanzó su propia línea de juguetes inspirada en los míticos Mi Pequeño Pony, sólo que estos se llamaban Mi Pequeño Pene y no eran caballitos. Luego recibió de manos de Boy George uno de los famosos P&P y se curó de la adicción leprosa, tras lo cual sólo le queda como vicio ocasional el hacerse ganbanguear por sendas piaras de jabalíes en celo todos los martes a eso de las tres de la tarde.
TOTI DE HIJOS DEL OESTE: "Las drogas me ayudaron a superar mis problemas con el golf".
Invitado a pegarle a la pelotita con el palito por un colega aburguesado, el ex vocalista de Jóvenes Pordioseros se hartó a los ocho minutos y se inyectó un cóctel de pepa, jugo Clight y plutonio, para luego robarse un Rastrojero tuneado y estrellarlo contra el Monumento a la Bandera, todo un logro teniendo en cuenta que la cancha de golf estaba en Cabin 9. Consultado al respecto declaró: "Jeje".
viernes, 15 de abril de 2011
En los papeles Jeffrey Ross Hyman, para muchos Joey, Ramone para el mundo entero.
A 10 años de su muerte, solo puedo agradecer y pedir disculpas en nombre de todos los que hemos bastardeado tus temas. Todos dicen que es muy muy fácil tocar esos temas de 3 acordes y demás, tal vez si, pero arriba del escenario todavía no vi a nadie poder hacerlo de esa manera. Tuve la suerte de tocar en vivo muchos de sus temas de chico y ya de grande gracias al futuro padre Sebastian Sbarbatti que volvió a sumergirme en las doctas del punk rock para volver a acordarme de cuanto me gustaba.
Una vez le preguntaron, -Joey porque hacen temas tan cortos ?
Joey contesto, -No, estas equivocado, son temas muy largos, solo que los hacemos muy rápido, tan rapido que vos no te das cuenta .
Hey Ho ... Let´s Go !!!
A 10 años de su muerte, solo puedo agradecer y pedir disculpas en nombre de todos los que hemos bastardeado tus temas. Todos dicen que es muy muy fácil tocar esos temas de 3 acordes y demás, tal vez si, pero arriba del escenario todavía no vi a nadie poder hacerlo de esa manera. Tuve la suerte de tocar en vivo muchos de sus temas de chico y ya de grande gracias al futuro padre Sebastian Sbarbatti que volvió a sumergirme en las doctas del punk rock para volver a acordarme de cuanto me gustaba.
Una vez le preguntaron, -Joey porque hacen temas tan cortos ?
Joey contesto, -No, estas equivocado, son temas muy largos, solo que los hacemos muy rápido, tan rapido que vos no te das cuenta .
Hey Ho ... Let´s Go !!!
domingo, 27 de marzo de 2011
Soy una pésima persona a la misma vez soy la solución Karmica a los problemas de otro. Soy la segunda vuelta de varios, soy la buena obra del día, tengo una segunda vida y un perdón otorgado sin haberlo pedido, siquiera sugerido. Pero no soy menos que ninguno, yo se como y cuanto duermo de noche, se como, cuanto y porque tomo y se todo lo que digo. Vos, yo, ellos y nosotros no somos nada de nada y no va a cambiar, tener no es lo mismo que poder y poder a la misma vez puede tener distintos significados. No reniego lo que soy ni lo que fui , pero empiezo a renegar de lo que seré y nadie esta preguntando porque.
domingo, 30 de enero de 2011
Un señor paga una considerable suma de dinero para poder ver en un museo el famoso mingitorio de Duchamp, y luego va al baño del lugar y encuentra uno muy similar, quizás con alguna bolita de naftalina para convertir la meada en un desafío deportivo, pero nada más. En la tele muestran como un millonario gasta fortunas en un Pollock original, mientras un espectador mira el cuadro, relojea el enchastre que está haciendo su nena de dos años con las plasticolas de colores y dice "¿eh... qué onda?". ¿Por qué una trivialidad es considerada arte y la otra apenas si sirve para echar un pis o ensuciar la alfombra? Porque a diferencia de lo que opina Marta Minujín, no todo es arte. Todo puede ser arte, que es distinto. Pero para que esa metamorfosis se produzca hay que hacer algo al respecto.
Esto viene a la famosa "sobre gustos no hay nada escrito" con la que los defensores de músicos, digamos, polémicos abarajan todas las críticas. Es cierto que la subjetividad es importante en estos casos, pero no confundamos: existen parámetros objetivos y tangibles para valorar ("juzgar" suena feo) el arte en cualquiera de sus vertientes. ¿Y qué pasa si se los aplicamos a la obra de Ricardo Arjona, trovador careta y peste guatemalteca al que tantas veces nos referimos? Pasa lo que ya se imaginan.
Qué es y qué no es una letra digna puede variar de persona a persona de acuerdo a los gustos individuales, pero hay un parámetro objetivo que no se puede soslayar: la fórmula. Arjona tiene desarrollado un sistema de metáforas por contradicción que repite sistemáticamente a lo largo de muchas de sus canciones ("como alejarme de ti si estás tan lejos", "acompañame a estar solo", etc.) ya sea por falta de talento para evitar la reiteración o porque sabe qué funciona y punto. En cuanto los tópicos elegidos, sabe bien quién es su público (el taxista, el portero, la señora de las cuatro décadas) y lo retrata sin eludir los lugares comunes (al tachero se le suba una rubia al auto, el encargado le mira el culo a la vecina que no le da bola, la veterana está caliente y menopáusica). Y esto último no es menor: la mejor música es la que dice sin decir, para generar abstracción en el oyente y no entregar todo masticado (la que nos hace pensar, podríamos decir... y "pensar" no significa filosofar sobre cuestiones trascendentales: también implica imaginarnos una historia de amor, por ejemplo). Ahí pueden objetar: ¿Y qué onda con las letras directas de rock? Bueno, seguramente haya muchas pésimas, pero las buenas usan lo explícito con el fin de hacernos chocar contra algo, de ponernos en el medio de la cara una realidad. Los mismísimos Beatles grabaron "Hello Goodbye", una pavada con cinco palabras, pero lo hicieron en un contexto (el de los últimos 60) en el que para hacer rock había que sobrecargar todo, expresarse por demás hasta la grandilocuencia. Así, ellos tomaron una trivialidad y la hicieron arte para desafiar y desafiarse. "Hello Goodbye" es el mingitorio de Duchamp. "Dime que no" y tantas otras son el meadero roñoso del baño del museo tratando de ser vendido a dos millones de dólares.
Lo mismo con la música: a lo largo de su discografía se multiplican los arreglos extraídos directamente del manual del cantautor latinoamericano, con guitarras acústicas, pianos, coros y vientos tenues que, sin alborotar el gallinero, agreguen la cuota de dramatismo necesaria para que quienes no tengan el juicio crítico desarrollado para detectar la fórmula caigan en la trampa, compren el clima conmovedor y salgan pensando que vivieron una experiencia religiosa. Miro en mi discoteca el último de José Luis Perales, producido por Javier Limón, con unos climas jazzeros intimistas que ni les cuento, y se me hace más que claro quién es un artista y quién no, por más que no viva escuchando a Perales. Y también pienso en AC/DC, que viene grabando la misma canción desde hace 35 años, y esas ganas eternamente juveniles de atropellarnos que demuestran cada vez que sacan un disco empalidecen más y más los laureles monótonos de Ricardito.
A esto se reduce la línea entre la buena música y la mala música: a la intención creativa y la autenticidad. Un artista es una persona inquieta, que desafía sus propios límites y busca interpelar a su público con obras genuinas y frescas que no puede evitar sacarse de adentro ("Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro"... Spinetta sí la tiene clara). Arjona, en cambio, encontró un filón y lo explota una y otra vez... y antes de saltar de nuevo con lo de los gustos, piénsenlo: las pruebas están a la vista, se las acabo de enumerar, sólo hay que darle play a sus canciones y parar la oreja.
En esto el guatemalteco se parece a esas bandas, digámosle barriales aunque a mí el mote no me cierre del todo como algo negativo, que saben bien que sus fans tienen un rango de atención muy limitado y cualquier cosa que salga de ese imaginario ("Y... yo escribo sobre minitas y vicios", dijo un cantante que todos conocemos una vez) les valdrá el repudio por "caretas". Los seguidores "promedio" de Arjona regalan rosas y corazoncitos para San Valentín, leen a Coelho y miran novelas de la tarde o a Tinelli, y por ende quieren canciones sobre los problemas de la "gente común" (nótense las comillas) enumerados de la manera más trillada posible, para no andar molestándose con eso de la abstracción. ¿Qué hace él? Se las da como si trabajara en un mostrador, claro. Puede que lo haga a propósito, o puede que no sepa hacer otra cosa: en el peor de los casos es un ladrón, en el mejor un pésimo artista sin talento.
Esto viene a la famosa "sobre gustos no hay nada escrito" con la que los defensores de músicos, digamos, polémicos abarajan todas las críticas. Es cierto que la subjetividad es importante en estos casos, pero no confundamos: existen parámetros objetivos y tangibles para valorar ("juzgar" suena feo) el arte en cualquiera de sus vertientes. ¿Y qué pasa si se los aplicamos a la obra de Ricardo Arjona, trovador careta y peste guatemalteca al que tantas veces nos referimos? Pasa lo que ya se imaginan.
Qué es y qué no es una letra digna puede variar de persona a persona de acuerdo a los gustos individuales, pero hay un parámetro objetivo que no se puede soslayar: la fórmula. Arjona tiene desarrollado un sistema de metáforas por contradicción que repite sistemáticamente a lo largo de muchas de sus canciones ("como alejarme de ti si estás tan lejos", "acompañame a estar solo", etc.) ya sea por falta de talento para evitar la reiteración o porque sabe qué funciona y punto. En cuanto los tópicos elegidos, sabe bien quién es su público (el taxista, el portero, la señora de las cuatro décadas) y lo retrata sin eludir los lugares comunes (al tachero se le suba una rubia al auto, el encargado le mira el culo a la vecina que no le da bola, la veterana está caliente y menopáusica). Y esto último no es menor: la mejor música es la que dice sin decir, para generar abstracción en el oyente y no entregar todo masticado (la que nos hace pensar, podríamos decir... y "pensar" no significa filosofar sobre cuestiones trascendentales: también implica imaginarnos una historia de amor, por ejemplo). Ahí pueden objetar: ¿Y qué onda con las letras directas de rock? Bueno, seguramente haya muchas pésimas, pero las buenas usan lo explícito con el fin de hacernos chocar contra algo, de ponernos en el medio de la cara una realidad. Los mismísimos Beatles grabaron "Hello Goodbye", una pavada con cinco palabras, pero lo hicieron en un contexto (el de los últimos 60) en el que para hacer rock había que sobrecargar todo, expresarse por demás hasta la grandilocuencia. Así, ellos tomaron una trivialidad y la hicieron arte para desafiar y desafiarse. "Hello Goodbye" es el mingitorio de Duchamp. "Dime que no" y tantas otras son el meadero roñoso del baño del museo tratando de ser vendido a dos millones de dólares.
Lo mismo con la música: a lo largo de su discografía se multiplican los arreglos extraídos directamente del manual del cantautor latinoamericano, con guitarras acústicas, pianos, coros y vientos tenues que, sin alborotar el gallinero, agreguen la cuota de dramatismo necesaria para que quienes no tengan el juicio crítico desarrollado para detectar la fórmula caigan en la trampa, compren el clima conmovedor y salgan pensando que vivieron una experiencia religiosa. Miro en mi discoteca el último de José Luis Perales, producido por Javier Limón, con unos climas jazzeros intimistas que ni les cuento, y se me hace más que claro quién es un artista y quién no, por más que no viva escuchando a Perales. Y también pienso en AC/DC, que viene grabando la misma canción desde hace 35 años, y esas ganas eternamente juveniles de atropellarnos que demuestran cada vez que sacan un disco empalidecen más y más los laureles monótonos de Ricardito.
A esto se reduce la línea entre la buena música y la mala música: a la intención creativa y la autenticidad. Un artista es una persona inquieta, que desafía sus propios límites y busca interpelar a su público con obras genuinas y frescas que no puede evitar sacarse de adentro ("Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro"... Spinetta sí la tiene clara). Arjona, en cambio, encontró un filón y lo explota una y otra vez... y antes de saltar de nuevo con lo de los gustos, piénsenlo: las pruebas están a la vista, se las acabo de enumerar, sólo hay que darle play a sus canciones y parar la oreja.
En esto el guatemalteco se parece a esas bandas, digámosle barriales aunque a mí el mote no me cierre del todo como algo negativo, que saben bien que sus fans tienen un rango de atención muy limitado y cualquier cosa que salga de ese imaginario ("Y... yo escribo sobre minitas y vicios", dijo un cantante que todos conocemos una vez) les valdrá el repudio por "caretas". Los seguidores "promedio" de Arjona regalan rosas y corazoncitos para San Valentín, leen a Coelho y miran novelas de la tarde o a Tinelli, y por ende quieren canciones sobre los problemas de la "gente común" (nótense las comillas) enumerados de la manera más trillada posible, para no andar molestándose con eso de la abstracción. ¿Qué hace él? Se las da como si trabajara en un mostrador, claro. Puede que lo haga a propósito, o puede que no sepa hacer otra cosa: en el peor de los casos es un ladrón, en el mejor un pésimo artista sin talento.
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