En la oficina todo seguía igual… tranquilo… y mis encuentros con Lautaro, uno de los directivos en el almacén no habían sido descubiertos.
Lo único que había llamado mi atención esa semana fue que contrataron una nueva telemarketer y su escritorio estaba frente al mio.
Marina… de unos 20 años, un físico muy cuidado, 1,70 de altura y muy atractiva...incluso para mí que nunca concentré mi atención en mujeres.
Ella era dulce, tímida y muy educada. Vestía el uniforme laboral de falda, chaqueta y blusa blanca que cubría sus grandes tetas. Bajo la mesa, sus medias de red morían a medio muslo y reconozco que me gustaba mirarla... imaginar como sería su ropa interior…
Con el pasar de los días me hice su amiga.
Comíamos juntas y nos contábamos intimidades. Se notaba que ambas comenzamos a mirarnos con deseo.
Un miércoles, Lautaro me hizo de todo en el almacén y al salir vimos a Marina haciendo copias. Pudo habernos oído, pero si lo hizo no lo dijo.
Cuando ella regresó, yo ya estaba en mi puesto. Ella me miraba mordiéndose el labio inferior y su mano bajo la mesa descansaba en su muslo.
Era obvio que nos había oído y, al parecer, lo había disfrutado.
Al día siguiente, me levanté para ir a buscar un paquete de folios al almacén. "Si vas a buscar algo al almacén te acompaño y agarro unos clasificadores" me dijo levantándose.
Me siguió y cerró tras ella la puerta.
Estaba nerviosa. Le dije dónde estaba lo que buscaba pero, apagando la luz, me acechó contra la pared.
"Vos sos lo que busco" me dijo mirándome la boca y me besó. Un beso no correspondido... pero hermoso, húmedo, cálido… 5 segundos de lujuria... de deseo.
La separe de mi, pero el siguiente se lo di yo. Mi lengua encontró la suya y jugamos. Sentí sus manos desabrochando mi blusa y soltando mi sostén.
Acarició mis tetas y comenzó a lamer mis pezones. Su pierna derecha se adentró en las mías y comenzó a frotarse suavemente contra mi pubis. Estaba muy mojada y mi respiración se tornó en jadeo.
Me sentó sobre la mesa y me preguntó si era ahí donde lo hacía con Lautaro... asentí.
Sus manos bajo mi falda bajaron mi tanga y se mentió entre mis piernas. Su lengua lamió sin parar, escabulléndose entre mis labios.
Solté un gemido más fuerte cuando deslizó uno de sus dedos en mi sexo. Mi espalda se arqueó de placer al ritmo de ella... y exploté.
Dos orgasmos se fundieron en uno solo. Pensé que no podía sentir más placer, hasta que metió su dedo mojado por mis jugos en mi cola.
Su lengua bajó a mi ano y sentí como lamía. Mientras, me masturbaba y cogía mi vagina con sus dedos por turnos.
Mis gemidos se tornaron en gritos y sin darme cuenta estaba pellizcando mis pezones... me acabé mordiendo mis labio para no ser oída.
Me incorporé y desnudé a Marina sin pausa, repitiendo el mismo proceso que ella había seguido.
Me cautivó su perfume y su sexo depilado...
Gemía, pidiéndome por favor que la dejara venirse.
La sentí sumisa, esclava entre mis manos. Y la llevé a un orgasmo que me inundó la boca.
La giré pidiendo su culo y entré sus nalgas eché saliva. Luego mi lengua y mi dedo le dieron duro.
Yo era su nueva ama.
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