No es la primera vez que sentís que el piso se mueve. No es la última vez que no podes pisar firme.
Nadie está dudando de vos, ya todos saben que sabes solucionar todo sin la más mínima ayuda.
La familia, de un momento al otro, te ve fuerte y te toma como un pilar, claro, mira como llevaste todo a cabo. Las amistades esquivan las preguntas, las cuales por vos, hoy son infantiles, porque seamos sinceros, a vos ya no podrían pasarte las cosas que le pasan a la gente común.
Tumbás preguntas absurdas, contestas con firmeza, miras a los ojos y confrontas a los dueños de la verdad.
Nadie en la galaxia sabe el cansancio que estás sintiendo... ¿no es así?
El sueño te histeriquea, mientras el techo de la habitación baja y baja. La respiración se vuelve intensa y el vacío en tu pecho podría hacerte desaparecer en un segundo.
En la cabeza, un motín incontrolable de neuronas, que no logras disuadir para que dejen de pensar.
La cama enorme se hace cada vez más chica. Sentís que te caes, estiras la mano y la cama volvió a ser gigante... cualquier mano a la distancia vuelve a verse borrosa.
Querés una abrazo que te sacuda los miedos y las dudas, querés una mano, ya sea una caricia o una trompada, necesitas saber que hay alguien cerca para bien o para mal...
Ya ni eso tenés. Pero seguís esperando.
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