Pasé varios veranos haciendo pequeñas reparaciones caseras para pagarme los estudios. Y el del 2008 no lo olvidaré jamás… tenía 20 años.
Una tarde me llamaron para hacer unas reparaciones eléctricas en el solarium de un 9no piso en una zona muy cara de la playa. Fui al otro día. A las 11 ya estaba allí. Me recibió Luciana, la mucama y apenas me fijé en ella porque enseguida salió la dueña de la casa, Rocío.
Rocío, de unos 37 años, llevaba un vestido blanco y perfume caro, muy sexy. Ella se iba, pero Luciana me daría las indicaciones y me pagaría.
Era un trabajo fácil. Tenía que cambiar unos enchufes y arreglar un equipo de aire. Luciana me dijo que ella podría ayudarme en lo que necesite.
Siempre se quedó cerca de mí. Llevaba un uniforme negro y blanco muy típico de sirvienta de la tele, corto y escotado. Ahora sí me fijé en ella.
Era dulce al hablar y su sonrisa era muy sensual. Mientras trabajaba con el equipo de aire, ella pasaba el plumero en una estantería. Si, ni lo digan, todo un cliché.
Su falda moría a medio muslo y podía adivinar el dibujo de su tanga. Cada vez que se agachaba, un millón de ideas morbosas me asaltaban.
Me subí a una escalera para colgar de nuevo el equipo y le pedí que me la tenga. Desde arriba, podía disfrutar de su generoso escote.
Mi entrepierna endureció marcándose notablemente en mi pantalón corto y se dio cuenta... tuvo que darse cuenta. "Ya casi estamos", "Por favor, acaba ya con este calor" me dijo acalorada. "Ya está" afirmé conectando el último cable. "Eres mi héroe" sonrió aliviada.
Bajé de la escalera y me ofreció algo fresco para tomar en la cocina.
Me contó que el dueño de casa vivía de viaje y la mujer se la pasaba con su amante. Tenían una hija que estaba en Italia, así que la casa la cuidaba prácticamente Luciana. Siempre me habló sonriendo, coqueteándome.
Mientras me contaba la historia, ella estaba lavando unos vasos y ya no me resistí... me había dado muchas pistas y me acerqué tras ella.
La rodeé con mis brazos agarrando sus pechos pegando mi cadera a la suya."Mmm, qué buena herramienta tienes" gimió echando su cola contra mí.
Solté uno a uno los botones de su uniforme y le pedí al oído que se diera la vuelta. Sus labios y su lengua se fundieron con los míos, su ropa cayó al suelo y le agarré las nalgas sintiendo su calor en mis manos. Me quitó la camisa y el pantalón, que fueron a parar quién sabe donde.
La levanté y la senté en la mesa de la cocina situándome entre sus muslos y frotando mi erección con su tanga de encaje.
Sus pechos al fin quedaron libres. Lamí y bese sus pezones y sentí sus manos agarrando mi cabeza contra ella. "Haceme tuya" jadeó en mi oído.
No necesitaba que me lo dijera, pero eso me encendió aún más. Deslicé su tanga hasta sus tobillos y la tiré junto el resto de la ropa.
Me puse a lamerle los muslos subiendo hasta su pubis y enseguida mi lengua ya ahondaba entre sus pliegues, localizando su perla.
Sus gritos de placer se fundieron en un orgasmo explosivo, llenando mis dedos de fluidos. Se bajó de la mesa y se agachó sumisa ante mí.
Me la agarró con su mano,mientras la otra masajeaba mis testículos. Se metió el glande en la boca y lo chupó ansiosa. Luego se llenó la boca. Succionó moviendo su cabeza en vaivén rítmico hasta que también acabé en su boca llenándola con mi leche que cayó por su garganta.
Me agarró la mano y me llevo al dormitorio de los dueños. "Vamos, hoy ya no volverán" me dijo tumbándome sobre la cama aún sin hacer. Sentí el suave tacto de la seda en mi espalda y el húmedo sexo de Luciana sobre mi regazo. Se frotó sobre mí, masturbándonos.
Yo sostenía sus pechos alargando mis brazos y a ratos la sostenía de las caderas…conté otro orgasmo suyo, quizás dos y por fin…
Se la metió, aprisionándome en su interior. Era un torbellino de fluidos. Mordía su labio inferior, que sólo soltaba para gemir. Me desesperé de pasión. La ataqué salvajemente y al ritmo de sus orgasmos orquesté mis movimientos y me acabé llenando su sexo.
Se tumbó sobre mí, pegando sus pechos al mío y aún jadeando en mi oído. "Te has ganado el sueldo" me dijo riendo.