lunes, 18 de abril de 2016

Hace rato que vienen dando vueltas varios temas para volcar en esta vuelta al blog. 
Uno de esos, el que voy a desarrollar a continuación, cobró mucha fuerza con 3 o 4 sucesos puntuales uno atrás del otro en un lapso de 10 días. 
Entonces pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que hablaste por teléfono?
Hay algo enorme en eso. Fue toda una revolución. Hoy en día esa revolución se muere en los brazos de un hijo de puta que manda audios de 10 minutos o de una boluda que responde todo con caritas.
No creo que solamente yo me acuerde de Madre diciéndome que si no era importante no podía hablar por teléfono. 
¿Dónde dejaron ustedes que dicen "no me gusta hablar por teléfono" los recuerdos?
Ese momento en el que llamabas a la casa de la chica que te gustaba y rogabas para que atienda ella y no el padre o el hermano. 
Por mi parte, y hace varios años, tuve que hacer un llamado así, pero claro, hoy los celulares te aseguran en un 97% que quien atienda sea a quién buscas. Ese llamado lo hice caminando en círculos en el patio de la casa de Madre. No hace mucho, ese mismo llamado, años después, lo hice acostado en piso de mi casa. 
¿Dónde está la cuestión? 
Simple. Después de verse cara a cara, no hay nada más personal que la voz. Ahí es donde se encuentra absolutamente todo. 
Ahí mismo es donde descubrís los miedos y las dudas, la angustia y también la felicidad. El tiempo en el que se tarda en responder es lo que te deja tranquilo en el saber. 
No creo que nadie basuree a una persona a las 03:00 de la madrugada por escrito. ¿Por qué? Simple. Es el toque personal que da la voz cuando no podes hacerte ver la cara.
Pensar que hoy hay gente que se separa por escrito... y si vamos al caso, ni siquiera por carta.
Si por A o por B no podes estar presente, como no vas a querer escuchar y/o presentar la voz. 
Es que en el día a día que vivimos todo se minimiza. 
Los avances (que celebro) se están llevando todo puesto. Ya no sabemos mirar a los ojos y poco a poco dejamos de escuchar. Pero la verdad, siendo el ultimo romántico (?), de que me quejo si hoy la gente vive con la cabeza gacha y ni falta les hace tener un látigo que los (nos) castigue. 
Es en los extremos donde nos damos cuenta. Vivimos en la punta de un pendulo. Nacidos para sufrir. 
Sentís que te vas a morir ahogado en un llanto constante o sentís que te vas a mear encima de lo contento... llamás. A quien sea. Estás en un recital y queres transmitirle algo a alguien, un momento, una canción, un instante o te ves desesperado sin saber para dónde salir corriendo... llamás.
No solo es querer estar, es querer también que alguien esté.
Es ser la primera y la última voz para alguien.
Y claro las redes sociales llevan la idea de lo cíclico al extremo. Asi como las modas vuelven cada 20 años, los # se usan, se ironizan y se vuelven a usar con mas fuerza por gente que nunca los usó y no entienden la ironia, todo en un mes.
Pero esto ya es un tema para la próxima vez, donde trataremos temas como: 
*Si no te dio like en tus últimas 5 fotos de Instagram no te quiere más.
*Los
Hijos 
De
Puta
Que 
Escriben
Así
Y 
Son
La
Generación
Whatsapp
A 
Los 
30
Años
*Y traeré a algún invitado a que escriba sobre los Stalkers de FB.
Pero contame... ¿A quién vas a llamar hoy?

sábado, 16 de abril de 2016

Siempre dije (y sostengo) que los animales domésticos son mascotas. Por eso mismo me peleé con más de una persona. 
Mucha gente trata de hijos y/o hasta de parejas a sus mascotas. 
Más allá del chifle personal: el trauma para el animal. Porque queda claro que ese discurso, por lo general, lo acomodan para el lado que conviene. 
Sacando eso de lado, conocí mucha gente con vínculos fuertísimos para con sus mascotas.  Muchas veces me quedé sorprendido del ida y vuelta entre el animal y el animal que llamamos humano. 
Hace unos días me enteraba que unos perros habían atacado a una gata y la habían dejado maltrecha. La gata estaba internada. 
Yo me dejaba caer en el sillón y sentía la angustia apoderarse de mi. 
Hace ya varios años me enamoraba como un niño de película de una de las mujeres más bellas y fuertes que he conocido. Esa misma mujer tenía 4 gatos y una casa gigante. 
En la primera salida formal (no hubo sexo tampoco beso) me dejó en claro ciertos valores, como todos tratamos de hacer en una primera salida. Entre esos valores marcaba a sus gatos como algo muy importante en su vida. 
Yo (seguramente transpirado) le decía que era "la loca de los gatos". Porque siempre se puede ser un poco más boludo.
Entre risas le explicaba mi punto de vista, con el que ella estaba de acuerdo. Pero también me explicaba que sin tratarlos como "hijos" se podía tener una conexión muy grande. 
Fue hasta que entré a su casa y lo entendí. 
Eran (son) una familia. 
Ella no los trataba como hijos, mucho menos como si ella fuese la madre. Era algo más. Y no podía descifrarlo. Lo intenté, de verdad. Al principio siempre buscaba entender el como o el porque. 
Uno de esos gatos me miraba siempre de lejos, otro se arrimaba para "ver qué onda", una me marcaba la cancha y otra se escondía y me miraba con cara de dibujito animado.
Los años pasaron e hicieron que ame a esos gatos. Cada día que pasaba me sorprendía más del lazo que habíamos forjado. 
La pareja entró en un impass. La casa gigante era ahora un monoambiente donde los gatos se la pasaban haciendo Parcour. Y los 4 gatos eran ahora 3 por falta de lugar. 
Un día tuve que ir a buscar mis pertenencias, las cuales me habían dejado en una bolsa atrás de la puerta. Ese día mientras miraba todo el lugar y pensaba en 150 mil cosas, me largaba a llorar como un bebé. Me senté en el sillón y todos los gatos se vinieron encima. Me miraban fijo. 
Fue la gata. Esa con cara de ardilla de Pixar, tal vez de Disney y con la nariz siempre sucia la que se me sentó en las piernas y me empezó a ronronear. 
Esa misma gata que desde una bocacalle lloraba en el momento justo para que la escuchen. Esa que se quedó esperando a que salgan de trabajar para que se la lleven a su nueva casa. 
Porque creamos o no en el destino, hay cosas que lo parecen o al menos nos hacen dudar si eso no estaba predestinado.
Esa misma gata que se rompió una pata por aventurera y mostraba lo que más adelante iba a hacer realidad. 
Vi a esa gata dormir todas las noches en una almohada arriba de la cabeza de su dueña. 
Pilla, muy muy mañosa. Embustera. Muy asustadiza. Con una cara que despertaba ternura. Por demás de cariñosa. 
La vi cobrar más veces de las que puedo recordar, pero son contadas y gloriosas las veces que atacaba a traición a los machos de la casa. 
Caminaba como una diva y cuando no la veías se estaba revolcando entre hojas, mugre y piedras.
...
En los días que le siguieron a su última aventura accidentada, dejó de comer, vivía echada y se movía nada más que para apapacharse o dormir cerca de ese cuerpo. 
Había caído a la lona. El referí le estaba contando hasta 10, iba por 7 y ella ya no mostraba demasiadas intenciones de pararse. Como no queriendo volver a la pelea. Ya no tenía ganas de acertar buenas manos mientras esperaba un nuevo mazazo.
Me va a doler en el alma saber que ese viernes yo no quise escribir más. Como si esa fiebre que desaparecía también me arrastraba a mi. 
  • "No te metas donde no te llaman" me decía Madre. Y yo me metí siempre en cualquier lado.
Sé que no fue mi gata, sé que nada fui para esa gata...
Este miércoles que pasó vi que el celular se prendía. Era un mensaje. Vi el nombre y por segunda vez en mi vida no quería abrirlo. Sabía lo que ese mensaje traía ...
"... pensé que tenías que saberlo."
Y desde ese momento no necesito ni quiero entender demasiado los como y los porque. Fue hace mucho que descubrí que me bastaba con ver de afuera el cariño de alguien con sus mascotas. 
Pero fue este miércoles cuando entendí que tenía algo de eso en mi. 
A tu salud Mimix. Ayer, hoy y siempre.


Ahora sí vas a tener tiempo de ser una Gata Jazz.

miércoles, 13 de abril de 2016

La semana pasada les conté mi aventura con una mucama, Luciana, cuando pasaba mis domingos haciendo reparaciones domésticas.


Pero lo bueno es que esa aventura no terminó allí. Al día siguiente volví a la misma casa, con el deseo de volver a poseer a mi mucama. Llamé al timbre pero la que me abrió fue Rocío, la dueña, aunque esta vez vestía un vestidito blanco y no estaba preparada para salir. 


Luciana era delgadita, labios gruesos y cabello negro que llevaba recogido. Ese día Luciana tenía el día libre y no la vería. Me puse a arreglar una persiana y a cambiar un enchufe, mientras Luciana andaba por la casa con el celular, hablando con su amante. Desde la cocina la ví tumbada en el sofá susurrando al móvil mientras se deslizó la mano bajo su vestido y la otra acariciaba su pecho. La observaba seguro de no ser visto por mi posición y la escuchaba gemir, mordiendo su labio inferior… me encendí del todo.


Decidí seguir con mis tareas y dejarla con su chico. Al rato la oí llamarme y salí a buscarla. Pensé que quería darme otra tarea y así fue... 


Su voz venía del dormitorio,donde lo había hecho con la mucama el día anterior. Entré y la encontré en su cama, tumbada con lencería muy sexy. 


Entré y me hizo un gesto con la mano indicándome que me acercara a ella. Obedecí. Se había soltado el cabello que caía por sus hombros. Su pierna flexionada me dejaba ver su tanguita roja. "Ahora vas a darme como ayer le diste a mi mucama" me ordenó sonriéndome. 


Me desnudé al instante y mi bóxer dejó saltar mi miembro erecto, firme ante ella, que se relamía ante la imagen de mi cuerpo. 

Fui a su lado y la besé salvajemente, mientras su rodilla pasaba por encima de mi sexo. Tiré el tirante de su conjunto y liberé sus pechos. Ella me susurraba qué debía hacer y yo obedecía, sin sacar mi mano de su culo. Bajé entre sus muslos y me dediqué a su sexo completamente en medio de sus jadeos. Maniática y controladora. Ella sabía que quería y cuando, ni quiso que yo le quite sus bragas. Ella deslizó su tanga y la tiró fuera de la cama. Estaba mojada, caliente. Lamí su clítoris, haciendo circulos en su contorno con mi lengua. 


Dos de mis dedos se deslizaron dentro de su vagina, varias veces, hasta que mi lengua se animó a entrar. 


Subí por su cuerpo acercando mi lengua a su boca y mi glande a su cavidad de placer. Sus piernas me rodearon y me obligaron a penetrarla. Mi sexo la llenó por completo y lo saqué totalmente mojado. Sus pechos bailaban ante mis ojos a cada impacto de mis caderas. 
Sentía sus mini-orgasmos consecutivos, hasta que luego de un buen rato necesitaba correrme y aceleré mi ritmo acompañando sus gritos. 


Envuelto en sudor grité victorioso llenándola con mi leche. Me quedé sobre ella con mi sexo aún en su interior y toda la espalda rasguñada. Mientras su cola volvía a su color normal dejando atrás el rojo furioso después de tantas cachetadas.


Cuando me quité de encima, se puso en cuatro patitas ofreciéndome su sexo nuevamente y me paré agarrando fuerte sus nalgas. Me encendió...


La coloqué en posición, con mi miembro ardiendo y la penetré suavemente, hasta hacerla mía de nuevo y mojarla de nuevo por completo. Y en la misma ducha donde hice gritar a la mucama, ahora me enjabonaba la jefa. "Te has portado bien" vuelve mañana que aún quedan tareas.

lunes, 11 de abril de 2016

Amo esta ciudad.

Las luces. También esa truculenta oscuridad. Y cada tugurio en el que me encontré.

Sus ventanas.
Me encanta pensar que atrás de cada ventana haya una historia.
Familias sentadas en la mesa a punto de comer, gente yéndose a dormir con una sonrisa o levantándose con ganas ante un día nuevo. Por más que no sepan cómo lo hacen.

Sé que hay otras historias también...

Es tiempo de desaparecer.

El cariño para con este lugar, gente, aromas, colores... no va a poder ser borrado nunca. Es tiempo de desaparecer.

Podría de una vez y para siempre, pero hasta para eso soy ordenado.
Es que cuando repartieron la paciencia, yo estaba haciendo la fila del malhumor.

Toma tiempo.

Pero si alguien puede ganar de nuevo...

Sé quién puede ganar de nuevo.

viernes, 8 de abril de 2016

Me pase 1 hora y 11 minutos, pero no me olvidé del "tema del viernes". Por así decirlo...

http://youtu.be/dhm-QpffX80

miércoles, 6 de abril de 2016

Pasé varios veranos haciendo pequeñas reparaciones caseras para pagarme los estudios. Y el del 2008 no lo olvidaré jamás… tenía 20 años.

Una tarde me llamaron para hacer unas reparaciones eléctricas en el solarium de un 9no piso en una zona muy cara de la playa. Fui al otro día. A las 11 ya estaba allí. Me recibió Luciana, la mucama y apenas me fijé en ella porque enseguida salió la dueña de la casa, Rocío.


Rocío, de unos 37 años, llevaba un vestido blanco y perfume caro, muy sexy. Ella se iba, pero Luciana me daría las indicaciones y me pagaría.
Era un trabajo fácil. Tenía que cambiar unos enchufes y arreglar un equipo de aire. Luciana me dijo que ella podría ayudarme en lo que necesite.
Siempre se quedó cerca de mí. Llevaba un uniforme negro y blanco muy típico de sirvienta de la tele, corto y escotado. Ahora sí me fijé en ella.


Era dulce al hablar y su sonrisa era muy sensual. Mientras trabajaba con el equipo de aire, ella pasaba el plumero en una estantería. Si, ni lo digan, todo un cliché.
Su falda moría a medio muslo y podía adivinar el dibujo de su tanga. Cada vez que se agachaba, un millón de ideas morbosas me asaltaban.
Me subí a una escalera para colgar de nuevo el equipo y le pedí que me la tenga. Desde arriba, podía disfrutar de su generoso escote.


Mi entrepierna endureció marcándose notablemente en mi pantalón corto y se dio cuenta... tuvo que darse cuenta. "Ya casi estamos", "Por favor, acaba ya con este calor" me dijo acalorada. "Ya está" afirmé conectando el último cable. "Eres mi héroe" sonrió aliviada.


Bajé de la escalera y me ofreció algo fresco para tomar en la cocina.


Me contó que el dueño de casa vivía de viaje y la mujer se la pasaba con su amante. Tenían una hija que estaba en Italia, así que la casa la cuidaba prácticamente Luciana. Siempre me habló sonriendo, coqueteándome.


Mientras me contaba la historia, ella estaba lavando unos vasos y ya no me resistí... me había dado muchas pistas y me acerqué tras ella.
La rodeé con mis brazos agarrando sus pechos pegando mi cadera a la suya."Mmm, qué buena herramienta tienes" gimió echando su cola contra mí.


Solté uno a uno los botones de su uniforme y le pedí al oído que se diera la vuelta. Sus labios y su lengua se fundieron con los míos, su ropa cayó al suelo y le agarré las nalgas sintiendo su calor en mis manos. Me quitó la camisa y el pantalón, que fueron a parar quién sabe donde. 


La levanté y la senté en la mesa de la cocina situándome entre sus muslos y frotando mi erección con su tanga de encaje.


Sus pechos al fin quedaron libres. Lamí y bese sus pezones y sentí sus manos agarrando mi cabeza contra ella. "Haceme tuya" jadeó en mi oído.
No necesitaba que me lo dijera, pero eso me encendió aún más. Deslicé su tanga hasta sus tobillos y la tiré junto el resto de la ropa.
Me puse a lamerle los muslos subiendo hasta su pubis y enseguida mi lengua ya ahondaba entre sus pliegues, localizando su perla. 
Sus gritos de placer se fundieron en un orgasmo explosivo, llenando mis dedos de fluidos. Se bajó de la mesa y se agachó sumisa ante mí.


Me la agarró con su mano,mientras la otra masajeaba mis testículos. Se metió el glande en la boca y lo chupó ansiosa. Luego se llenó la boca. Succionó moviendo su cabeza en vaivén rítmico hasta que también acabé en su boca llenándola con mi leche que cayó por su garganta.


Me agarró la mano y me llevo al dormitorio de los dueños. "Vamos, hoy ya no volverán" me dijo tumbándome sobre la cama aún sin hacer. Sentí el suave tacto de la seda en mi espalda y el húmedo sexo de Luciana sobre mi regazo. Se frotó sobre mí, masturbándonos. 
Yo sostenía sus pechos alargando mis brazos y a ratos la sostenía de las caderas…conté otro orgasmo suyo, quizás dos y por fin…


Se la metió, aprisionándome en su interior. Era un torbellino de fluidos. Mordía su labio inferior, que sólo soltaba para gemir. Me desesperé de pasión. La ataqué salvajemente y al ritmo de sus orgasmos orquesté mis movimientos y me acabé llenando su sexo.


Se tumbó sobre mí, pegando sus pechos al mío y aún jadeando en mi oído. "Te has ganado el sueldo" me dijo riendo.