Es probable que algunx no se haya enterado del episodio con más acción desde el desembarco a Normandía.
Acá esta conmovedora historia.
Recién me tocó vivir una escena "cucaracha en la ducha". Suerte que no fue visto por las damas que intento conquistar con mi seguridad y templanza.
Entré a ducharme como todos los días, o como casi todos. Como todos los miércoles, bah. Los miércoles que juego al fútbol digo.
Me ducho preventivamente pues espero una confirmación de una señorita. Una ducha optimista. La confirmación llega, pero por la negativa.
No me importa, mejor estar limpio, dicen los que se bañan seguido. El que se baña muy seguido es porque es un roñoso, se sabe. Pero bueno.
Desde que soy bastante niño acostumbro lavar el boxer en la ducha, aunque quede todo lleno de pelos y ladre mucho.
Esta vez no lo hice, sólo lavé el calzón, que es lo que se hace cuando solo tenés dos, tal vez uno y medio. La pobreza alienta la higiene, al revés del prejuicio.
No voy a negar ni a admitir que entre en la ducha en calzones porque sería vergonzante. Solo diré que en el incidente ya estaba yo desnudo.
Tampoco admitiré jamás que estaba cantando "Suave" de Luis Miguel porque es la marca del jabón que usamos los que tenemos una piel inarruinable.
En ese momento de extasís en el que la canción dice "es el perfume de tu piel", donde siempre canto "de tu pie" dada mi famosa impronta humorística sucedió.
Mi visión periférica me alertó.
Movimiento insectil en el caño de la cortina (muchachxs: jabón "Suave", podrán deducir que no tengo mampara).
No, no tengo mampara. Lo único que mampara es la cortina.
EL HUMORRRRRR.
Entonces levanto la cabeza y veo una cucaracha de tamaño considerable. Y por considerable quiero decir grande.
No podría decir cuán grande era, pues en ese momento estaba desnudo en la ducha y no tenía nada grande a mano para comparar. Pero calculen que era como el jabón, ..., una de sus patas.
Lo que puedo decir es que corría diestramente por el caño de la cortina hacia mí, saltando los ganchos como en 100m con vallas en plenas olimpiadas.
Es el momento para dejar en claro y comentarles que mi madre tiene un prolapso de válvula mitral y si a veces tengo mucha taquicardia es por herencia y no por cagón.
Empecé con la proyección de todo lo que podía suceder, tanto si actuaba contra el animal, como si solo me quedaba ahí quiero, llorando. Me retracto. No voy a decir si estaba llorando o no. El agua de la ducha corría por mi rostro y se pueden confundir. Los mocos son alergia.
Todos los escenarios imaginados termina con el bicho volando hacia mi cuerpo desnudo y mojado y yo aplastándola, vomitando y suicidandome o en su defecto, queriendo correr, envolviéndome con la cortina, tropezando y muriendo desnucado.
Pero con la lucidez que tenemos los afortunados, note que tenía un arma a mano que podía utilizar contra la amenaza: EL CALZÓN RECIÉN LAVADO.
Prestamente lo agarré y lo lance al animal, que fue golpeado con fuerza y consecuencias negativas para su salud...
Aunque con daño colateral.
Pues como ya eh dicho, pues como ya eh dicho, la cucaracha venía por el caño de la cortina, que al ser golpeado por una prende de vestir mojada, no resistió y cayó.
Quedé entonces sin la cortina, en el más penoso desamparo, con la seguridad de que el animal aún vivía, y sin poder hacer contacto visual.
Yo no definiría como "miedo" la actitud con la que levanté la cortina del baño, más bien lo hice lentamente, para que no se arrugue.
La cortina fue puesta sin contacto visual con la bestia por lo que todo pliegue, toalla, alfombra o papel higiénico era posible hogar cucaril.
Terminé de bañarme. Lo hice de costado y velozmente pero no por miedo, que no se diga. Es que se me hacía tarde para una cita imaginaria.
Luego me sequé y me vestí con otra ropa, pero solo porque al no tener que salir, no iba a ponerme lo mismo de antes. Yo nunca tuve miedo.
Ahora todo pasó. Solo queda la certeza de que sé actuar en situaciones límite. Cosa que reconozco como algo muy seductor.
Aclararé que no me afecta en la más mínimo la idea de que la Bestia aún sigue viva, en mi casa, y esté contándole a su familia y la misma esté armando un linchamiento público. Y que si le estoy mudando es porque me salió una oportunidad.
No quisiera que mi relato opacara la valentía de otros que día a día también se la juegan por entero. Soy uno más. Soy el de siempre.