Hace un mes fue mi cumpleaños. Hace dos años y un mes me escribian esto.
Felíz cumpleaños para mí, faltaron dos saludos, el de esta persona fue uno.
Ojalá sigan pensando en quienes deban pensar, menos en mí, en mí no, no quiero que sea mucho peor.
...
El muerto se ríe del escabiado.
Raro hablar de cadáveres que siguen moviendo los dientes. Raro seguir siendo, a esta altura, máquinas llenas de mierda. Tachos de basura con un idioma diferente.
Porque pensé que no íbamos a llegar hasta acá. Algo grave. Una tragedia nos iba a atravesar. Hay un Satanás aparte: que vive en nuestras caras enrojecida y en nuestros cerebros mojados.
Facundo.
Le puso cada centavo al suicidio y el suicidio no hizo otra cosa que cagarse de risa. Ahora, para él, durante los treinta años duró la apuesta: perdió. En cada botella. Dados cargados de whiskey y cerveza.
Sí le sirve cagarse a trompadas entre la gente o estar solo cagándose a trompadas con su sombra. Un rompecabezas armado con una cresta y una puteada siempre dispuesta.
Mucho volumen. No necesita otra cosa. Nunca vá a estar lo suficientemente satisfecho con el ruido. Violencia en cada costado de su cabeza.
Y el deseo es una mujer desnuda y vino: las dos cosas derramadas en su cama. Pero Facundo prefiere golpearse la cabeza hasta que todo eso desaparezca.
¿Que quiere un tipo que no quiere nada? El regalo del anonimato y la bendición de el potencial malgastado y las venas llenas de el mejor ácido.
Facundo piensa que yo solo pienso en mí. Y tiene razón.
Si yo pensara en Facundo, todo sería mucho peor.
Salud.
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